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Los escasos detalles que se conocen de la antigua talla de Nuestra Señora de la Cabeza, desaparecida en 1936, provienen de cuadros de los siglos XVII y XVIII y algunas fotografías de la Imagen vestida en sus andas de traslado. En estas representaciones, los ropajes de la Imagen están conformados por una saya, reducida prácticamente a mandil, y manto para la Virgen y una túnica para el Niño que envuelve el busto de la madre y nos hace aventurar que ambas figuras pertenecen a un todo. |
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| Las características iconográficas recogidas por los diferentes investigadores, nos muestran aquella Imagen de María, una talla posiblemente románica, como figura que porta al Divino Infante en su brazo izquierdo, mientras que con el derecho le ofrece una manzana, convirtiéndose así en la Nueva Eva que ofrece la manzana como fruto de salvación. El Niño tiene en su mano una pequeña bola, representando al mundo, y simbolizaría la idea de Jesús hombre y salvador, Señor de toda la tierra, a la que redime con su muerte y resurrección. |
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La iconografía que presenta la actual Imagen, que hiciera José Navas Parejo en 1944 tras la desaparición de la antigua, es la de Madre y Señora sentada sobre un pequeño sitial sin respaldo, sosteniendo al Niño Dios en su brazo izquierdo y ofreciendo un pequeño fruto rojizo, interpretado por el pueblo como un madroño dada la abundancia de este fruto en la sierra. La Imagen de María viste túnica carmesí ceñida con un pequeño cíngulo o efed de líneas verticales, al gusto hebreo, manto azul estofado en oro, en alusión a la Encarnación y a su Inmaculada Concepción y tocado blanco que deja ver el cabello moreno que le cae sobre los hombros. El Niño viste túnica clara como redentor del género humano y porta en su mano izquierda una esfera dorada al tiempo que con la derecha nos muestra a su Madre. Con motivo de la conmemoración anual de la aparición, el 12 de Agosto, los fieles pueden contemplar la talla de la Imagen coronada y cubierta tan sólo por su manto de reina. Destaca sobremanera en ambas figuras, y prenda el corazón de sus devotos cofrades, el color moreno de su piel, que le ha dado el nombre cariñoso con el que todos la llaman: La Morenita. |
La universalidad y grandeza del culto y devoción a la Santísima Virgen de Sierra Morena
ha sido puesta de manifiesto a través de los siglos por escritores de la talla de: Miguel
de Cervantes, Lope de Vega o Pedro Calderón de la Barca y otros como Salcedo Olid,
Bartolomé Pérez Guzmán, Luisa Fe y Jiménez, Alfredo Cazabán, Antonio Alcalá
Wenceslada o Carlos de Torres Laguna.